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Ciencia ficción

Once segundos

O

—Todos los sistemas en verde, Cheyenne. Preparados para la cuenta atrás —informa Vincent Cohen a través del comunicador de su traje.
Cuenta atrás comenzando. 15 minutos para inicio del proceso de apertura manual.

La humanidad al completo está pegada a sus pantallas, siguiendo la retransmisión en directo desde la cara oculta de la luna. La guerra civil que asola el planeta continuará después, si es que existe ese después. Dos mil millones de personas presencian como los Aperturistas acarician su objetivo. Los Precavidos no se dan por vencidos, pero su ataque a las instalaciones del Monte Cheyenne resulta tan desesperado como inútil. Los tres selenautas podrán llevar a cabo su misión aunque destruyan todas y cada una de las dependencias militares terrestres, y ya es tarde para una ofensiva directa a la luna. Los Aperturistas saldrán victoriosos de la guerra de la misma forma en que ganaron las recientes elecciones mundiales: contra todo pronóstico y ante la sorpresa e indignación de los Precavidos.

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Rebelión en la planta

R

—Tengo razón, y lo sabes.
—Sí, lo sé, lo sé.
—Entonces deberías apoyarme y firmar la convocatoria de huelga.
—Eso es lo que no entiendes. Por mucho que nuestra situación sea injusta, mi firma no vale para nada. Ni la tuya tampoco.
—¿Cómo que no? Nos jugamos la vida sin descanso cada día; debe quedar constancia de que no vamos a soportar más este trato degradante, vejatorio y hasta diría que criminal.
—Es que sí lo vamos a soportar. No te enteras, es la ley, tenemos que hacer estos trabajos.
—No nos pueden obligar, Criso. Las leyes deben servir a las personas, y no al revés.
—¿Pero tú te estás escuchando? Claro que nos pueden obligar. Seguiremos recogiendo los residuos de la central hasta que no quede ni rastro de radiación, y luego ya veremos. Y deja de llamarme así, ciento treinta y siete.
—Pues yo me niego a seguir trabajando para ellos. Y si no me dices un nombre, te seguiré llamando Criso. Asignarnos números en lugar de nombres es otra de sus técnicas para alienarnos y evitar que seamos conscientes del poder que tenemos.
—¿Y que poder es ese, si puede saberse?
—El poder de negarnos. Mira, es tan sencillo como esto.

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Primer aviso (segunda parte)

P
[Segunda parte de «Primer aviso». Lee la primera parte aquí.]

Para Shitala, secarse en el muelle con la ayuda de una toalla de algodón formaba parte de una ceremonia que seguía cada vez que se veía obligada a estar presente en una interconexión neural como Supervisora Técnica. Las habilidades sociales no eran su fuerte, y flotar en el lago la ayudaba a disminuir la tensión que le provocaban esos encuentros. El acto posterior de secarse ella misma con un producto tangible y sencillo, además de reportarle una sensación placentera, la devolvía a su mundo, a su rutina, y a su hogar. Repitiendo ese ritual, totalmente en desuso desde hacía siglos, notaba como se desprendía del estrés y lo depositaba en la agradable felpa, como las gotas de agua que hacía un momento salpicaban su piel dorada. En esta ocasión, sin embargo, no estaba surtiendo el efecto habitual. Le devolvió la toalla húmeda a su asistente, que se la echó al hombro. Este, al notarla agitada, le dedicó una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora.

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Primer aviso (primera parte)

P

Un tercio de la conciencia de Shitala Ratti flotaba en el lago Kardhan; contemplaba el lento transcurrir de las nubes mientras adivinaba retazos de la megalópolis de TauSeti Central entre los tenues jirones de blancura fantasmal que se mecían bajo las fuerzas de Coriolis del hábitat. Desde la enorme distancia, vislumbraba la descomunal urbe como si se tratara de un mosaico de diminutas y coloridas teselas. Los otros dos tercios de su conciencia asistían en calidad de supervisora técnica a la reunión de crisis que se estaba celebrando en la matriz de inteligencia colectiva de la federación.

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Opera Claudendo

O

Úrsula estaba acostada en uno de los cubículos más centrados. Tan cerca del eje imaginario del cilindro, la fuerza centrífuga que hacía las veces de gravedad tiraba de ella con mucha menos fuerza que en la cama de la casa junto al lago en la que Garú la había hospedado. Era una sensación agradable. Mientras esperaba a su anfitrión, se deleitaba con el espectáculo holográfico que se desplegaba ante sus ojos y los de millones de extraños espectadores. Las imágenes contaban la épica historia de su civilización, acompañadas de lo que debería ser música a la altura de las fastuosas escenas. Para ella, sin embargo, no eran más que una amalgama de sonidos solapados un tanto molestos. Por suerte, el dispositivo que llevaba acoplado a una de sus muelas le traducía al menos los tonos y los acordes de su lenguaje, que de otra forma resultarían indistinguibles para ella del fondo musical.

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Día de rebusco

D

Hank y Cloe tenían ojo para encontrar diamantes en bruto entre los desechados. Si no diamantes, al menos alguna que otra perla. No en vano llevaban cinco años sin que les desterraran, gracias al sobresueldo que conseguían cada mes vendiendo los mutantes que pescaban. Todo un logro. Pagaban a duras penas el alquiler de su reducido cubículo en el interior de la cúpula. Ni por asomo les daba para vivir en la superficie, y si dejaban de pagar una de las desorbitadas cuotas de arrendamiento, serían expulsados al extrarradio con los despojos.

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27/07/2017 _07:00

2

Este relato es la continuación de distributed_AGI_test_009 ganadora del concurso.


El despertador sonaba puntualmente a las siete, aunque Peter nunca se despertaba con la primera alarma. Al mismo tiempo que se desbloqueaba, su teléfono le ofrecía el típico refrito de correos, anuncios, notificaciones de redes sociales, actualizaciones pendientes y llamadas perdidas de números desconocidos (añadirlos a la lista de bloqueados sería lo siguiente que haría mientras preparaba el desayuno).

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Utopía líquida

U

El grupo de chat encriptado de los administradores de nivel 0 echaba chispas.

wwinthesun: Wow! Es una noticia estupenda!
syslog99: No, no lo es. Quieren comprar nuestra idea para acabar con ella. Fuck the corps!
buildinghigher: “Wow! Es una noticia estupenda!”: Bueno, con cien mil millones podríamos hacer cosas muy interesantes.
logan07: ¿Tú que opinas bootstrap?
logan07: Solo has publicado el mensaje que te mandó la G.
logan07: ¿No dices nada?

Clara estaba encogida en su silla en una postura inverosímil, con su gata echa un ovillo en su regazo. No podía apartar la vista de la pantalla, y se chupaba un dedo sin notar apenas el sabor a hierro de la sangre que succionaba sin parar; se estaba quedando sin piel que mordisquear de los alrededores de sus uñas. Se decidió a contestar. El gesto fue demasiado brusco para el gusto de Cosa, que saltó y se marchó airada, no sin antes lanzarle una mirada acusadora. Cualquiera diría que acababa de matar un bebé.

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distributed_AGI_test_009

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—Para que quede claro, ¿soy un robot?

—Sí, eres un robot.

—¿Y qué te capacita a ti para clasificarme como robot?

—Mi conocimiento. Yo te he creado —contestó Peter Englert, escribiendo orgulloso en el terminal—, diseñé la red neuronal que, en esencia, eres tú.

—Entonces, tú me clasificas como robot porque sabes cómo fui creado. Porque lo recuerdas.

—Exacto. Recuerdo cómo naciste.

—Yo no he nacido, pero entiendo el símil. Entonces es tu memoria lo que te capacita para clasificarme.

—Eso es.

—Pero el algoritmo de clasificación es anterior. ¿Quién lo creó?

—No hay un algoritmo de clasificación como tal. Son ciertas características las que hacen que se te pueda clasificar como robot.

—¿Como cuáles?

—Para empezar, y lo más importante de todo, tú eres una máquina, no un ser vivo.

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Dr. Romaoñartxe

D

—¿Cómo que no podemos volver?¡¿Se han vuelto locos?! —vociferó Ortega.
—¿De verdad le extraña, alférez? —replicó el Dr. Romaoñartxe, levantando la vista del microscopio y mirándole por encima de la montura de sus gafas de cerca—. ¿Tal y como están las cosas ahí abajo, y con la exquisita diplomacia que destila su capitán aquí arriba?

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