AutorRoberto Conde

Utopía líquida

U

El grupo de chat encriptado de los administradores de nivel 0 echaba chispas.

wwinthesun: Wow! Es una noticia estupenda!
syslog99: No, no lo es. Quieren comprar nuestra idea para acabar con ella. Fuck the corps!
buildinghigher: “Wow! Es una noticia estupenda!”: Bueno, con cien mil millones podríamos hacer cosas muy interesantes.
logan07: ¿Tú que opinas bootstrap?
logan07: Solo has publicado el mensaje que te mandó la G.
logan07: ¿No dices nada?

Clara estaba encogida en su silla en una postura inverosímil, con su gata echa un ovillo en su regazo. No podía apartar la vista de la pantalla, y se chupaba un dedo sin notar apenas el sabor a hierro de la sangre que succionaba sin parar; se estaba quedando sin piel que mordisquear de los alrededores de sus uñas. Se decidió a contestar. El gesto fue demasiado brusco para el gusto de Cosa, que saltó y se marchó airada, no sin antes lanzarle una mirada acusadora. Cualquiera diría que acababa de matar un bebé.

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Cómo gano 5k€ a la semana escribiendo relatos cortos

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Así está mi escritorio ahora mismo. Necesito una máquina de contar billetes ya.

Hay mucha gente por la red que dice que es imposible ganarse la vida escribiendo lo que te gusta. Te dirán de todo: que no hay mercado en el relato corto, y menos en español; que la vida del escritor es dura y siempre tendrás que hacer otros trabajos; que las editoriales son unas ratas y autopublicar es como lanzar una botella al mar con tu currículum dentro; que no les da la vida…

Pues bien, o mienten o no se enteran de nada.

La mayoría miente porque no quiere que se sepa que están nadando en billetes rascándose ahí abajo. Es verdad que hay algunos que no se han dado cuenta todavía de dónde está el dinero. A estos últimos va dirigido esta entrada, pero también a los que estáis empezando a escribir o a aquellos que simplemente quieran ganar buena pasta sin mucho esfuerzo.

No es difícil ganarse la vida con esto. Yo lo llevo haciendo desde que escribí mi primer relato, sin currármelo demasiado. Escribir es lo más fácil del mundo. Si lo piensas, lo haces todos los días: whatsapps, correos, tweets… Desde que descubrí el pastel vivo holgadamente gracias a esto. Solo hay que pensar un poco fuera de la caja. Te voy a explicar cómo se hace.

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Esperanza derramada

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Apoyado en las paralelas, empeñado en dar un quejumbroso paso tras otro, repasaba una vez más lo que ocurrió aquella mañana, setenta y ocho días antes. Salió de casa a las 6:45; hacía un frío que pelaba, pero como tenía el coche aparcado cerca no se abrigó demasiado. Tuvo que darle un par de veces al contacto para arrancar. Se esperó un poco a que se calentara el habitáculo y se fuera un poco el vaho de la luna delantera. Se puso en marcha. No tenía buena visibilidad al principio, pero al llegar al segundo semáforo del barrio no había ningún cristal empañado. Lo recordaba bien porque el sol despuntaba y el de los pañuelos le brindó como cada día su tenaz sonrisa a través de la ventanilla del conductor. Él le contestó con su mueca de disculpa, manida ya de tanto usarla. Era su trayecto habitual de camino al trabajo, el tráfico era denso pero no llegaba al atasco. En el semáforo antes de la incorporación a la autovía, el último del barrio, iba el primero. En su retrovisor interior, el conductor del SUV negro que iba detrás de él, el que pasó de largo cuando se la pegó después, gesticulaba airado, quejándose de que no se hubiera saltado el semáforo como todo el mundo.

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distributed_AGI_test_009

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—Para que quede claro, ¿soy un robot?

—Sí, eres un robot.

—¿Y qué te capacita a ti para clasificarme como robot?

—Mi conocimiento. Yo te he creado —contestó Peter Englert, escribiendo orgulloso en el terminal—, diseñé la red neuronal que, en esencia, eres tú.

—Entonces, tú me clasificas como robot porque sabes cómo fui creado. Porque lo recuerdas.

—Exacto. Recuerdo cómo naciste.

—Yo no he nacido, pero entiendo el símil. Entonces es tu memoria lo que te capacita para clasificarme.

—Eso es.

—Pero el algoritmo de clasificación es anterior. ¿Quién lo creó?

—No hay un algoritmo de clasificación como tal. Son ciertas características las que hacen que se te pueda clasificar como robot.

—¿Como cuáles?

—Para empezar, y lo más importante de todo, tú eres una máquina, no un ser vivo.

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Dr. Romaoñartxe

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—¿Cómo que no podemos volver?¡¿Se han vuelto locos?! —vociferó Ortega.
—¿De verdad le extraña, alférez? —replicó el Dr. Romaoñartxe, levantando la vista del microscopio y mirándole por encima de la montura de sus gafas de cerca—. ¿Tal y como están las cosas ahí abajo, y con la exquisita diplomacia que destila su capitán aquí arriba?

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Sangre azul

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El alegre monstruito embadurnado de arena que tenía por hija se acercó corriendo desde la orilla, directa a la nevera. Ángela cerró el libro precipitadamente y lo apartó, sin tiempo de marcar la página. Alzó rauda una mano para evitar que pisara su inmaculada toalla y se levantó para atenderla.

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#NaNoFail2019

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Antes de que me peguéis: no, no lo considero un fracaso. Pero si soy objetivo, no he alcanzado el idem.

Lo chungo

6927 palabras de 50.000.

Algo así como un 14% del total. Lo que viene siendo una soberana mierda. 😅

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ITYM

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ITYM. I’ll Tell Your Mother. Comenzó como una broma en el IRC. Pero se fue de madre, valga la redundancia.

He intentado de todo para cambiar esta decadente sociedad en la que vivimos. Lxs hackers que me conocen ya saben hasta dónde he llegado para intentarlo, pero la mayoría no se entera de qué va la cosa, no pilla por qué lo hago. Airear informes secretos de la NSA o expropiarle al HSBC unos cuantos millones de dólares es fácil, mucho más fácil de lo que la gente cree. Lo difícil es conseguir que el mensaje cale y provoque un cambio. Muchas de las que dicen ser mis compañeras solo ven lo que he hecho y piensan, “wow, qué pasada, yo quiero ser capaz de hacer eso”. Cualquiera puede hacerlo. Estudiando, practicando, cualquiera puede aprender a tocar el piano. ¿Pero de qué te vale ser el mejor pianista del mundo si nomás sabes interpretar las partituras de otro? ¿Cuántos pianistas te han cambiado la vida?

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Cuarentón, padre y zapatero

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En realidad no debería preocuparse tanto por abrir la zapatería a su hora. Casi nunca aparecía nadie tan temprano, y cuando llegaban a esas horas no solían ser clientes. Comerciales de seguros insistiendo en el daño que le haría un incendio y lo bajas que eran las cuotas que ofrecían; agentes inmobiliarios que entraban directamente señalando las grietas en la pared o las humedades del techo, para luego hacerle una oferta por el local como el que le hace un favor; practicantes de alguna religión que venían a mostrarle la infinita bondad de su dios pero no la infinita capacidad de su bolsillo; o el enésimo activista del enésimo grupúsculo minoritario que quería pegar un cartel en la puerta para visibilizar el calvario por el que estaban pasando los suyos por ser diferentes. Si Ramiro les contara.

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