Casa tomada. Interpretación.

C

Atención, spoilers.

Acabo de escuchar Casa tomada, de Julio Cortázar, de su propia voz en el imperdible podcast de Divergencia Cero.

Corre ahora mismo a escuchar el relato, que es corto como los míos, o a leerlo si lo prefieres, por ejemplo aquí.

Porque se vienen SPOILERS. No lo digo más.

Lo que leerás a continuación puede ser un desvarío de mi mente, pero necesito escribirlo, o caerá en el olvido. Lo tomarán de mi casa.

Y ahí está, ya te he desvelado la interpretación que le doy al cuento. No soy experto en nada, ni conozco la historia de la vida de Julio Cortázar, ni me he leído toda su bibliografía, de modo que te escribo sencillamente desde lo que he sentido al escuchar el relato, así que la interpretación que le doy probablemente esté llena de errores garrafales. O no. También puede que alguien haya tenido esta misma interpretación, pero las que he visto son esencialmente políticas.

He tenido una sensación horrible de haber leído ya este cuento. Es probable que así fuera, pero no tiene por qué ser así. Tengo muy mala memoria. Ese déjà vu me ha hecho sentir miedo. El miedo a la vejez, el olvido y la muerte.

La casa es la mente del autor

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua […] guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

En la casa viven Irene, el narrador, y sus recuerdos.

Irene es la parte mecánica del autor

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. […] tejía cosas siempre necesarias […]

Es la que teje las historias con las lanas (las lanas serían las ideas, los hilos de pensamiento) que trae el narrador del mercado cada sábado.

El narrador es la parte creativa del autor

Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas.

El narrador es el único de los dos que lee, el único que sale de la casa, el único que, en definitiva, hace otra cosa que no sea tejer (escribir).

La puerta de roble

Esta parte es peliaguda. Parece que el autor no usa una parte de su mente, de su memoria. La mitad de la casa la conforman habitaciones vetustas que se llenan de tierra y solo pisa para limpiarlas.

Y están al otro lado de una puerta de roble. Que tienen que cerrar al empezar los ruidos sordos que hace algo «que toma la casa».

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. […] Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó […]

Puede que el autor se refiera a algún recuerdo traumático del pasado que haya tenido que encerrar tras la gruesa puerta cuando alguien o algo ha reavivado el recuerdo. O puede que no. Quizás sea algo mucho más banal, pero que atormenta a los escritores, porque…

Lo que toma la casa es un extraño olvido

Si, ya lo he dicho, pero lo repito por si lo han tomado de tu casa. La casa la toma el olvido.

Pero si seguimos la interpretación, es un olvido extraño, voluntario, porque es siempre el narrador (la parte creativa del autor) el que cierra las puertas, dejando esa parte de su memoria encerrada atrás cuando algo se mueve en las estancias de sus recuerdos.

Lo que me lleva a pensar que esas estancias llenas de recuerdos que quiere encerrar bajo llave para luego tirar esa llave a la alcantarilla son los propios textos escritos por el autor de los que ya se arrepiente, que ahora odia. Si es cierto que escribió el relato porque lo soñó, no me extrañaría en absoluto. Como digo, no conozco su biografía, y probablemente esté dando palos de ciego. Algún día puede que esta parte de mi casa acabe tomada.

Por lo tanto, si el olvido lo provoca el propio autor, lo que toma la casa no puede ser el olvido, sino todo lo contrario, es algo que le hace recordar cosas que no quiere, algo que remueve los recuerdos. En respuesta a eso, el autor va cerrando las puertas hasta tener que irse de su propia casa.

El efecto es el mismo, el olvido. Pero al ser el narrador el que cierra conscientemente las puertas de la memoria, lo que sea que toma la casa no es el olvido, es aquello que provoca su reacción. ¿Qué es eso que toma la casa, entonces?¿Qué provoca, con golpes sordos, que un autor recuerde textos antiguos que aborrece? Pueden ser tantas cosas…


¿Qué opinas? ¿Se me va la olla? ¿Tiene sentido?

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