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Día de rebusco

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Hank y Cloe tenían ojo para encontrar diamantes en bruto entre los desechados. Si no diamantes, al menos alguna que otra perla. No en vano llevaban cinco años sin que les desterraran, gracias al sobresueldo que conseguían cada mes vendiendo los mutantes que pescaban. Todo un logro. Pagaban a duras penas el alquiler de su reducido cubículo en el interior de la cúpula. Ni por asomo les daba para vivir en la superficie, y si dejaban de pagar una de las desorbitadas cuotas de arrendamiento, serían expulsados al extrarradio con los despojos.

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La mano del tuerto

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Dicen que no existe el dinero fácil, pero es mentira. Lo que no existe es el dinero fácil sin consecuencias. Y el verdadero problema es que no sabes cuándo van a llegar, y ni por asomo te vas a plantear dejar la fiesta cuando estás montándote en el puto Euro. Mientras te estás forrando, ni de coña vas a pensar en las consecuencias. Pero llegan. En mi caso, están a punto de estallarme en la cara, aunque si no me tiembla la mano en el gatillo las puedo aplazar un poco, y al que le va a estallar la puta cara literalmente es al cabronazo del Tuerto.

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El hedor de la magia

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A pesar de sus incontables intentos fallidos, Estíncalot seguía adelante, empecinado en su infructuosa búsqueda. Incansable, atravesaba olas que triplicaban en altura el mástil de su pequeño velero; olas que le azotaban el rostro y a las que ofrecía sin pestañear su mejor sonrisa. Porque bajo el abrumador sentimiento de vulnerabilidad e impotencia que solo la inmensidad del océano es capaz de suscitar; bajo esa sensación de insignificancia que únicamente los marinos conocen, el aguerrido mago albergaba una llama. No había perdido la esperanza de avistar tierra, y al fin, encontrar a alguien con vida. Esa pequeña llama le mantenía firme, le hacía seguir en pie. Eso, y las almorranas.

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Estupor epifánico

E

“Era mi séptimo turno de noche en el hospital psiquiátrico. Mis compañeros no se quejaron demasiado cuando salí al pasillo a hacer una ronda, y por su actitud quedaba claro que nadie iba a acompañarme. Un auxiliar incluso bufó, sin atreverse a ponerle palabras a lo que opinaba de mi comportamiento. Nadie quería que aquello se convirtiera en costumbre. Había un acuerdo tácito entre los profesionales, si es que tenían la indecencia de llamarse a sí mismos usando esa palabra, para hacer el mínimo esfuerzo en los turnos de noche.

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27/07/2017 _07:00

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Este relato es la continuación de distributed_AGI_test_009 ganadora del concurso.


El despertador sonaba puntualmente a las siete, aunque Peter nunca se despertaba con la primera alarma. Al mismo tiempo que se desbloqueaba, su teléfono le ofrecía el típico refrito de correos, anuncios, notificaciones de redes sociales, actualizaciones pendientes y llamadas perdidas de números desconocidos (añadirlos a la lista de bloqueados sería lo siguiente que haría mientras preparaba el desayuno).

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Utopía líquida

U

El grupo de chat encriptado de los administradores de nivel 0 echaba chispas.

wwinthesun: Wow! Es una noticia estupenda!
syslog99: No, no lo es. Quieren comprar nuestra idea para acabar con ella. Fuck the corps!
buildinghigher: “Wow! Es una noticia estupenda!”: Bueno, con cien mil millones podríamos hacer cosas muy interesantes.
logan07: ¿Tú que opinas bootstrap?
logan07: Solo has publicado el mensaje que te mandó la G.
logan07: ¿No dices nada?

Clara estaba encogida en su silla en una postura inverosímil, con su gata echa un ovillo en su regazo. No podía apartar la vista de la pantalla, y se chupaba un dedo sin notar apenas el sabor a hierro de la sangre que succionaba sin parar; se estaba quedando sin piel que mordisquear de los alrededores de sus uñas. Se decidió a contestar. El gesto fue demasiado brusco para el gusto de Cosa, que saltó y se marchó airada, no sin antes lanzarle una mirada acusadora. Cualquiera diría que acababa de matar un bebé.

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Cómo gano 5k€ a la semana escribiendo relatos cortos

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Así está mi escritorio ahora mismo. Necesito una máquina de contar billetes ya.

Hay mucha gente por la red que dice que es imposible ganarse la vida escribiendo lo que te gusta. Te dirán de todo: que no hay mercado en el relato corto, y menos en español; que la vida del escritor es dura y siempre tendrás que hacer otros trabajos; que las editoriales son unas ratas y autopublicar es como lanzar una botella al mar con tu currículum dentro; que no les da la vida…

Pues bien, o mienten o no se enteran de nada.

La mayoría miente porque no quiere que se sepa que están nadando en billetes rascándose ahí abajo. Es verdad que hay algunos que no se han dado cuenta todavía de dónde está el dinero. A estos últimos va dirigido esta entrada, pero también a los que estáis empezando a escribir o a aquellos que simplemente quieran ganar buena pasta sin mucho esfuerzo.

No es difícil ganarse la vida con esto. Yo lo llevo haciendo desde que escribí mi primer relato, sin currármelo demasiado. Escribir es lo más fácil del mundo. Si lo piensas, lo haces todos los días: whatsapps, correos, tweets… Desde que descubrí el pastel vivo holgadamente gracias a esto. Solo hay que pensar un poco fuera de la caja. Te voy a explicar cómo se hace.

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Esperanza derramada

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Apoyado en las paralelas, empeñado en dar un quejumbroso paso tras otro, repasaba una vez más lo que ocurrió aquella mañana, setenta y ocho días antes. Salió de casa a las 6:45; hacía un frío que pelaba, pero como tenía el coche aparcado cerca no se abrigó demasiado. Tuvo que darle un par de veces al contacto para arrancar. Se esperó un poco a que se calentara el habitáculo y se fuera un poco el vaho de la luna delantera. Se puso en marcha. No tenía buena visibilidad al principio, pero al llegar al segundo semáforo del barrio no había ningún cristal empañado. Lo recordaba bien porque el sol despuntaba y el de los pañuelos le brindó como cada día su tenaz sonrisa a través de la ventanilla del conductor. Él le contestó con su mueca de disculpa, manida ya de tanto usarla. Era su trayecto habitual de camino al trabajo, el tráfico era denso pero no llegaba al atasco. En el semáforo antes de la incorporación a la autovía, el último del barrio, iba el primero. En su retrovisor interior, el conductor del SUV negro que iba detrás de él, el que pasó de largo cuando se la pegó después, gesticulaba airado, quejándose de que no se hubiera saltado el semáforo como todo el mundo.

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distributed_AGI_test_009

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—Para que quede claro, ¿soy un robot?

—Sí, eres un robot.

—¿Y qué te capacita a ti para clasificarme como robot?

—Mi conocimiento. Yo te he creado —contestó Peter Englert, escribiendo orgulloso en el terminal—, diseñé la red neuronal que, en esencia, eres tú.

—Entonces, tú me clasificas como robot porque sabes cómo fui creado. Porque lo recuerdas.

—Exacto. Recuerdo cómo naciste.

—Yo no he nacido, pero entiendo el símil. Entonces es tu memoria lo que te capacita para clasificarme.

—Eso es.

—Pero el algoritmo de clasificación es anterior. ¿Quién lo creó?

—No hay un algoritmo de clasificación como tal. Son ciertas características las que hacen que se te pueda clasificar como robot.

—¿Como cuáles?

—Para empezar, y lo más importante de todo, tú eres una máquina, no un ser vivo.

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