Sus ojos verdes me obligan

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Querido diario:

Hace mucho tiempo que no te escribo, acabo de mirar y hace ya un año de la última vez, entonces era un niño pequeño. Ya soy mayor y he aprendido que escribir en un diario es cosa de chicas, pero tengo que escribirte porque eres el único que me da consejo y sabe mi secreto. Necesito que me digas qué hacer, porque no quiero matar a mi hermano.

No te escribí cuando vi el brillo rojo en los ojos de la tía Cecilia cuando nos dijo que nos quería igual que a sus hijos de verdad. Ya soy mayor y sé que eso es normal. Nadie te quiere como tu papá y tu mamá.

Y no te he escrito durante un año porque sé que hay que ser fuerte y valiente. Hay que enfrentarse a los problemas de frente porque si no te conviertes en un fracasado y yo no quiero ser un fracasado. Ya he aprendido a no enfadarme con los demás niños de la escuela cuando me mienten. Todos lo hacen. Algunas veces con cosas importantes, pero casi siempre con tonterías. Creo que muchas veces no se dan ni cuenta, lo hacen sin querer. Algunas veces pienso que sería más fácil si no lo supiera por el brillo de sus ojos.

Me gustaría tener un espejo siempre delante de mí para saber si yo también miento sin querer algunas veces. A lo mejor le mentí a Miriam y por eso me mintió a mí cuando me dijo que quería ser mi novia para siempre jamás. Te he dicho que he aprendido a no enfadarme, pero ese día me enfadé mucho. Primero me puse muy triste, pero luego me enfadé. No le pegué porque no se le pega a las mujeres, pero hay que ser malvada para mentir en algo tan importante como eso. Pero hay muchos peces en el mar, como me dijo Sonia.

Sonia es mi novia ahora. No te he hablado de ella, pero Sonia es la persona a la que menos veces le he visto el brillo rojo en los ojos. No es la más guapa de la clase, pero yo también llevo aparato. Ella casi nunca miente, y cuando lo hace es para ayudar a los demás. Estuve a punto de contarle nuestro secreto, ella me creería, como papá y mamá, pero un hombre tiene que cumplir sus promesas. Te prometí que no se lo contaría a nadie después de lo que pasó con el médico de la cabeza. Papá y mamá tenían razón, no se lo tenía que haber dicho a nadie, y menos a los titos.

Creo que por eso no te he escrito todo este tiempo. Ahora a Sonia le puedo contar mis cosas, y lo del secreto lo llevo mejor. He tenido peleas con mi hermano pero no te he escrito porque ya me da igual que se ría de mí o que me pegue. Él no sabe lo que es tener una novia como Sonia. Dice que tener solamente una novia es de mariquitas, que los hombres de verdad tienen varias novias, pero yo creo que eso es de niños chicos. Los mayores tienen solo una novia o un novio. Y si me gustaran los chicos (que no me gustan) tampoco pasaría nada. Además no me creo que él tenga tres novias, si solo sabe pegar y hacer daño. ¿Cómo van a querer a alguien que les dice gordas y cosas peores a todas las chicas? Aunque a las chicas les gustan los repetidores. Como repita otra vez y le toque en mi clase no sé lo que voy a hacer. Bueno, en realidad no va a dar tiempo para eso. A menos que se te ocurra algo.

Tampoco te escribí cuando vi el brillo rojo en los ojos del tío Luis cuando me dijo que mamá y papá no sufrieron. ¿Se cree que soy tonto? Morir quemados vivos en un incendio tuvo que ser horrible. Me acababa de quemar un dedo con la tostadora y dolía a rabiar, por eso lo pregunté. Pedro dice que leyó en internet que solo algunas torturas, como el desollamiento, son peores formas de morir. Yo ni siquiera conocía esa palabra pero le creo, tenía el brillo verde en los ojos cuando me lo dijo. No quiero saber qué otras cosas mira en internet mi hermano.

Un día la tía Cecilia le pegó un tortazo al tío Luis porque se dejó un mechero en la mesa del salón, y creo que es porque no quiere que Pedro lo encuentre y juegue con él. Le pegaron y le castigaron un mes entero cuando quemó la muñeca de la prima Laura con una lupa. Creo que él mató a papá y mamá, pero prefiero no preguntárselo.

Yo nunca le he pegado a nadie. Bueno sí, una vez le pegué a Martín pero luego hicimos las paces. Es que me dio mucho coraje cuando le vi el brillo verde cuando me dijo que se juntaba conmigo porque a su novia le daba pena que yo no tuviera padres. Quiero decir que no me gusta hacerle daño a nadie, y menos a mi hermano. Es malo, pero creo que es porque tiene miedo. Lo he escuchado llorar por las noches.

No sé como lo voy a hacer todavía. En casa no tenemos pistola, así que creo que cogeré el cuchillo grande del cajón de la cocina y se lo clavaré en la barriga mientras duerme. Tendré que hacerlo rápido porque la sangre me da mareos, como cuando Sonia se cortó un dedo con las tijeras, y creo que habrá mucha sangre. Mucha más que con el dedo de Sonia. Seguro que me pillan. Pero no les contaré mi secreto, nunca más se lo diré a nadie. Les diré que lo he hecho porque soy malo. Prefiero que me encierren con los asesinos a volver con el médico de la cabeza.

No quiero hacerlo. No quiero hacerlo. No quiero hacerlo. Por favor. Por favor. Por favor.

Pero no hay otro remedio.

Dime, ¿qué harías tú si vieras a tu hermano con su sonrisita y el brillo verde en los ojos mientras te dice “algún día te mataré”?

Si no se te ocurre nada, te daré a Sonia y le diré que no te lea, y que te me devuelva cuando salga de la cárcel. Adios.

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